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Las 15 mejores bandas sonoras del cine fantástico



King Kong (1933) - Max Steiner

1933 fue un año que supuso un antes y un después gracias a la composición del padre de la música de cine: Max Steiner. Y de forma tradicional ha sido considerado así en especial por este score mayúsculo que hizo que la industria de Hollywood se percatara, casi de manera repentina, del enorme poder de la figura del compositor, en general, en el desarrollo argumental de una película. Fue su octavo score acreditado, ya que, hasta ese momento, sus creaciones, como las de todos los músicos de cine en realidad, no aparecían en los créditos. Curiosamente, a partir de entonces, éstos aparecerían, como por arte de magia, y en la mayoría de los casos, justo antes del productor y del director.
King Kong no es sólo un estandarte, sino una pieza sinfónica que combina a la perfección todos los valores clásicos de la música centroeuropea. Un hito. Una obra inmortal e irrepetible.


El retorno del rey (2003) - Howard Shore

Tercera visita del compositor canadiense Howard Shore al territorio fantástico de Tolkien, El Señor de los Anillos: El retorno del rey (The Lord of the Rings: The return of the king), es el tercer escalón en la que se perfila como sinfonía cinematográfica en seis partes definitiva. En un momento especialmente fructífero de su carrera (principios del nuevo siglo) en el que Shore compuso scores de la importancia de La Celda o La habitación del pánico (aparte de La Comunidad del Anillo), El retorno del rey es una creación cuya principal virtud es su coherencia melódica de grandiosas proporciones. Orcos, elfos, enanos, humanos, hobbits, enanos, magos y seres de todo tipo se enfrentan y se alían en una narración, literaria, cinematográfica y musical, que en esta ocasión se centra en lo bélico, pero sin obviar el trasfondo profundamente melodramático de las relaciones entre personajes. Así, Shore dibuja un score de inusual contenido trágico, apoyándose en una brillante instrumentación  que alcanza su cúspide con los momentos protagonizados por los coros, símbolos tanto del bien como del mal. Pero lo mejor lo deja Shore para el final, con un doble epílogo que combina majestuosamente lo épico y lo lírico, conformando una conclusión de profunda emotividad.



El dragón del Lago de Fuego (1981) - Alex North

Dragonslayer (El dragón del lago de fuego) fue su penúltima nominación al Oscar y un triunfo por su valentía en la composición. Evitando casi en todo momento la tonalidad tradicional de las producciones Disney, la banda sonora se caracteriza por una inusitada instrumentación deudora de grandes músicos como Stravinsky, Boulez o Schoenberg.North describe un mundo fantástico desde lo profundamente dramático, en una especie de sinfonía de lo sombrío que huye de las evidentes y “placenteras” tonalidades tan afines al Hollywood más conservador, salvo momentos aislados como el tema de amor, que da luz y color a una obra oscura y tenebrosa en su casi totalidad.


Legend (1985) - Jerry Goldsmith

Entre la entrañable Exploradores y la aventurera Las minas del rey Salomón, Jerry Goldsmith compuso la que es para muchos su obra cumbre: Legend. La película del irregular Ridley Scott, con el que ya había trabajado con anterioridad en 1979 en Alien (de ingrato recuerdo para el músico californiano por el incoherente montaje final del filme), no tuvo en su momento la repercusión que merecía una producción de tan innegable calidad. Para Goldsmith supuso todo un reto artístico el hecho de recrear melódicamente una historia de hadas, duendes, princesas y seres perversos. Para ello recurrió a su poderoso talento como creador de motivos sólidos y majestuosamente enfáticos, pero siempre desde una línea temática más próxima al tradicional 'toque Hollywood' que a los cánones del cine comercial en el que imperaba lo electrónico. De hecho, y debido a los resultados negativos en los pases previos al estreno norteamericano, los productores tomaron el camino más corto y, por extensión, menos profesional: eliminar la partitura ejemplar de Goldsmith por la compuesta (es un decir) por Tangerine Dream, quien escribió para la ocasión un score a años luz de la grandeza del firmado por el genio angelino. Temas como las canciones My true love's eyes y Living river, junto a The armour, The ring, Re-united o, muy especialmente, The dress waltz, constituyen el alma de una pieza sinfónica de sublime delicadeza, síntesis del estilo de un autor sin igual.


El secreto de la pirámide (1985) - Bruce Broughton

Todos los aficionados, y creo no equivocarme con esta afirmación, opinamos que Young Sherlock Holmes (El secreto de la pirámide) es una obra maestra. Desde su Main title hasta su The riddles solved/ End credits, todo en la partitura del entrañable Bruce Broughton es mayúsculo. Ya sé que mi particular estilo caracterizado por acentuar los calificativos superlativamente tiene sus defectos, pero en el caso de la presente obra maestra podría, y debería, utilizarlos todos. 
No hay rincón en forma de tema que desmerezca del conjunto. Ciertamente es muy extraño encontrar scores con este don a la hora de ser tan creativos en todas sus melodías. Quizás sólo John Williams ha sabido dotar a sus creaciones de una temática original en cada caso, porque en la mayoría de ellos los compositores suelen conformarse con lo incidental
El secreto de la pirámide es una película del irregular Barry Levinson que resulta hoy en día un tanto envejecida (aunque muy por encima de otros filmes de corte familiar de la época o actuales), pero la música de Broughton sobresale gracias a un estilo sinfónico imponente, que destaca abiertamente en temas como Waxing Elizabeth, The final duel o Solving the crime.
1985 fue el año de Broughton, pues también compuso su otra obra maestra, Silverado. A partir de entonces siempre he querido volver a sentir las mismas vibraciones con sus otros scores. Raras veces ha ocurrido. No obstante, es un autor ejemplar que siempre ha merecido un mayor reconocimiento en la industria cinematográfica.


Superman (1978) - John Williams

Situado entre dos obras maestras como Tiburón 2 DráculaSuperman es, junto con Star Wars, el score más emblemático de John Williams. La película dirigida por Richard Donner permanece como una de las adaptaciones de superhéroes más respetuosas tanto con el original como con el público. En su momento su éxito fue enorme, lo cual invitó no sólo a una continuación, de hecho en parte rodada por el propio Donner, sino a dos secuelas más, ambas muy inferiores al filme inicial.
Tras el impacto mediático que supuso Star Wars, y su merecido Oscar recibido en 1978, John Williams se posicionó dentro de la Industria como el principal compositor para las grandes producciones. Su dominio de la melodía, y en especial de los temas con carisma, ha hecho de él el autor más notable del mundo de la música de cine. Si para el épico filme de George Lucas creó el inmortal Main title que todos conocemos, homenaje al clasicismo de Richard Strauss y Erich W. Korngold, para su nueva aventura de ciencia-ficción era inevitable componer un leitmotiv acorde con los cánones del género, que casi siempre se han decantado por las fanfarrias esplendorosas. Así, el tema central de Superman es fiel reflejo de ese estilo epopéyico en el que impera una orquestación ambiciosa y alejada de tonos simples. Pero Williams, como autor obsesionado por la estructura temática creativa, no se conformó con una mera sucesión de variaciones; más bien todo lo contrario. Dejó que los personajes tuvieran su propia melodía, enriqueciendo además al argumento con toda una serie de cortes que recorren, con brillantez y delicadeza, todo el espectro musical de su inconfundible estilo academicista.


La furia (1978) - John Williams

Compuesta justo después de Encuentros en la tercera fase (1977), The fury (La furia) es una de las mejores bandas sonoras de John Williams. El score del maestro neoyorquino supone, dentro de su obra, un notable cambio de registro en su concepción de la música para el cine. Williams se apoya en una instrumentación en apariencia más solvente pero, sobre todo, en una línea temática que será la predominante en su filmografía a partir de 1978, caracterizada por bandas sonoras de producción más cuidada y con un acabado realmente eficiente.
La furia es una película irregular de un realizador irregular: Brian de Palma. Pese a sus deficiencias, la sobresaliente actuación de Kirk Douglas y el tono de suspense in crescendo acentuado por el score, hacen de la película una rara avis dentro del cine de los años 70.
La banda sonora sigue la tradición de John Williams de editar discos en los que todos sus temas parecen ser los protagonistas de cualquier otra obra de otro autor, resultando en definitiva un score imponente, de enérgico dramatismo y que forma parte viva de la historia de la música del siglo XX.


Más allá de los sueños (1998) - Michael Kamen

What dreams may come (Más allá de los sueños), Oscar en su día a los mejores efectos visuales, es un canto sinfónico de majestuosa belleza. En particular hay un tema, en forma de tríptico Summerland & The painted world / The painted bird flies / Christy flies, que describe a través de melodías melancólicas un mundo idealizado símbolo del Edén que sirve de fondo pictórico a la película. Pero todos los temas configuran una obra de singular belleza que va de lo dramático a lo excelsamente romántico; un romanticismo en el fondo próximo a la sensibilidad elegante de la que Kamen siempre ha hecho gala.
En un principio los productores habían contratado al maestro Ennio Morricone para componer la música, lo cual hizo pero fue rechazada, decantándose finalmente por el score de Kamen, quien supo plasmar mucho mejor en el pentagrama toda la fuerza visual de las imágenes.


La isla misteriosa (1961) - Bernard Herrmann

Viaje al centro de la Tierra, Simbad y la princesa, Los viajes de Gulliver, La isla misteriosa y Jasón y los argonautas forman cinco filmes cuyo nexo de unión es la música de Bernard Herrmann. Los cuatro últimos, además, se relacionan entre sí por haber sido producidos por Charles H. Schneer, quien tiene en su haber otras películas del género fantástico  El valle de  Gwangi o Furia de titanes.
Con La isla misteriosa y, en el fondo, con todas las mencionadas con anterioridad, Herrmann revolucionó la música cinematográfica y no sólo los géneros fantástico y de aventuras. Su inagotable carisma como compositor mostró en la película de Cy Enfield su lado más emblemático gracias a su temática variopinta, en la que el colorido tonal realza notablemente las imágenes.


Viaje al centro de la Tierra (1959) - Bernard Herrmann

Dos años antes Herrmann firmó uno de sus scores más notables y revolucionarios. El largometraje de Henry Levin es un clásico imperecedero que, en manos de otro compositor más acomodaticio, habría resultado mucho menos efectivo. Herrmann se decanta por las tonalidades oscuras y frías, muy alejadas de los tópicos del género en los que suele primar el subrayado afable. Con Viaje al centro de la Tierra el músico neoyorquino firma una obra que nos sumerge como espectadores y oyentes en un mundo más allá de la realidad con envidiable maestría.



El fantasma y la Señora Muir (1947) - Bernard Herrmann

Compuesta entre Anna y el rey de Siam Ultimátum a la Tierra, The ghost and Mrs. Muir (El fantasma y la Señora Muir) era la banda sonora favorita del maestroBernard Herrmann. Como explica su biógrafo Steven C. Smith en A heart at fire's center. The film music of Bernard Herrmann, "se trata de una partitura poética, única y muy personal. Contiene la esencia de su ideología Romántica, en particular su fascinación por la muerte, el éxtasis romántico y la belleza de la soledad más melancólica".
El fantasma y la Señora Muir respira las influencias de La mer de Claude Debussy y Peter Grimes de Benjamin Britten. Temas como Prologue, Poetry, The spring sea Forever son fiel reflejo de la pasión de un artista que siempre dio lo mejor de sí mismo, en especial en aquellas películas que recreaban la temática amorosa sin tapujos. Ejemplo de ello son scores magistrales como la ya citada Anna y el rey de Siam, además de Jane Eyre, Las nieves del Kilimanjaro, Vértigo o Suave es la noche.
El filme de Joseph Leo Mankiewicz, ambientado a principios del siglo XX, está basado en la novela de R. A. Dick y resulta un largometraje que mezcla con pericia lo oscuro con lo luminoso, el amor y la muerte, en una simbiosis que parece no querer evitar lo trágico. Y Herrmann con su música potencia el lado melodramático a través de una creación cuyo carácter bucólico la ha hecho inmortal.


Un viaje alucinante al fondo de la mente (1983) - John Corigliano

La obra de John Corigliano, aunque breve, es realmente intensa por su fuerte personalidad inspirada en un evidente academicismo, no exento de una modernidad que siente la atonalidad como algo propio. Con Viaje alucinante al fondo de la mente compone un score que elude las melodías ligeras, salvo el lírico tema de amor, para recrear con su música profundamente áspera el carácter experimental y alucinógeno que desarrolla la historia escrita por Paddy Chayefsky.


Santa Claus (1985) - Henry Mancini

Santa Claus es una obra realmente sugerente y divertida por la que no pasan los años. Desde el prólogo (Main title: Every Christmas Eve and Santa’s theme) hasta cortes de evidente influencia festiva como It’s Christmas again o Sleigh ride over Manhattan, no sin dejar atrás otros más incidentales (Arrival of the Elves o Match versus Santa), que refuerzan desde su colorido la magia de un score brillante y lúcido en su concepción, son todos ellos reflejo de un autor que demostró con él que Mancini también debía ser considerado como un gran compositor de partituras sinfónicas.


Gremlins (1984) - Jerry Goldsmith

Compuesta entre Un tipo solitario y Supergirl, Gremlins es una de las bandas sonoras míticas de Jerry Goldsmith. Para ilustrar la película de Joe Dante, de cuya continuación es preferible no acordarse, el músico angelino creó un tema central, The gremlin rag, finamente socarrón pero sin excederse en su ironía, que protagoniza el score y le dota a la vez de un aire cuyo carácter pícaro hace que la partitura deambule entre tonalidades que buscan el lado más bribón de la música. Y en ello Goldsmith siempre ha sido un maestro consumado.
Sin embargo, no todo el score se decanta por lo jocoso, sino que también nos encontramos con temas con un paradójico sentido de lo grave, en especial para un filme en apariencia familiar (sólo en apariencia) que seduce gracias a un guion arriesgado y muy bien cincelado.


Hook (1991) - John Williams

Compuesta entre la navideña Solo en casa y la comprometida musical y políticamente JFK, Hook (Hook: El capitán Garfio) puede ser considerada como la obra definitiva de John Williams. La aventura personal (que a punto estuvo de convertirse en desventura) del cineasta Steven Spielberg, resulta una película amable y simpática, pero excesiva en su casi descarada retórica, ya que su deseo de conmover 'a toda costa' acaba lastrando una cinta que debería haber sido mucho más moderada.
Williams, por su parte, se adentró en el universo mágico de J. M. Barrie a través de una composición que resalta tanto lo ilusorio como lo lúdico, pero sin dejar de lado una realidad que sirve de componente alejado de lo fantástico. Así, Hook hace gala de un vigor melódico pocas veces alcanzado en la música cinematográfica, y que demuestra que el maestro neoyorquino ha sido y sigue siendo el compositor más dotado en cuanto a la creatividad se refiere.
La banda sonora es un auténtico festival de luces y colores tonales, dando fe de este esplendor temas como Prologue, The flight to Neverland, The banket, The ultimate war o The never feast. Pero de entre todos los que conforman el score hay uno que, por su increíble belleza, preside este espectáculo cromático: You are the Pan, uno de los más emotivos e inspirados de toda la filmografía de John Williams.



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