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Primeros scores para la gran pantalla


“La canción de la estepa”, “Río Rita”, “Black Match”, “Delator anónimo”, “The watcher”, “Head office”, “Beat girl”, “Gruss und Küss, Veronica”, "My gun is kick”, “One heavenly night”, “Des hommes…une doctrine”, “El federal”, “Saturday’s hero”, “El crimen de Vanities”, “El gran impostor”. ¿Alguien conoce estas películas? A buen seguro que algún concienzudo cinéfilo reconocerá dos o tres títulos, pero lo que está claro es que la mayoría (por no decir todos) son prácticamente irreconocibles en la historia del cine. Corresponden a producciones que van desde 1929 hasta 1985, y a grandes compositores (por orden): Dimitri Tiomkin, Max Steiner, Jerry Goldsmith, Miklós Rózsa, James Horner, James Newton Howard, John Barry, Franz Waxman, John Williams, Alfred Newman, Georges Delerue, Ennio Morricone, Elmer Bernstein, Victor Young y Henry Mancini. Y todas ellas tienen una característica en común: son los primeros scores para la gran pantalla. Grandes genios en pequeñas aventuras cinematográficas, y es que no todos los maestros reconocibles y reconocidos han comenzado por la puerta grande en el mundo del séptimo arte, ni mucho menos. Pero como todo en la vida siempre hay dignas excepciones. Citaremos sólo tres por la calidad de los films y de las partituras y que muestran a tres músicos de envidiable capacidad artística: Erich Wolfgang Korngold con “El capitán Blood” (38 años), Hugo Friedhofer con “Las aventuras de Marco Polo” (37 años) y Bernard Herrmann con “Ciudadano Kane” (29 años). Es obvio que Korngold y Friedhofer ya eran unos autores con experiencia personal en el mundo de la música; sin embargo, Herrmann mostraba con su corta edad una evidente precocidad poco habitual en relación a la calidad de la película y del score. Pero también debemos ser justos si tenemos en cuenta la edad de todos los demás compositores, pues muchos de ellos empezaron más temprano en su andadura profesional para la gran pantalla (no mencionamos anteriores trabajos como cortometrajes, documentales o series de televisión) y quizás no tuvieron la oportunidad de componer para una película importante. Aún así, Bernard Herrmann demostró con su obra iniciática ser quizás el más importante compositor cinematográfico de todos los tiempos. Un dato que lo reafirma es que el mismo año, 1941, compuso la magistral “El diablo y Daniel Webster”, con la que obtendría en 1942 su primer y único Oscar.

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